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 JUN
 10

D’Artagnan anda suelto en París

Nadal muerde su octava Copa de los Mosqueteros ante un resignado Ferrer - Tenis

 
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D’Artagnan anda suelto en París

Roland Garros. Pista Philippe Chatrier. Rafael Nadal acuna su Copa de los Mosqueteros mientras la rojigualda ondea en su honor. En segundo plano, David Ferrer llora sin lágrimas una derrota que no por repetida es menos dolorosa. De fondo, 15.000 personas suspiran por La Marsellesa perdida mientras escuchan el Chunda Chunda patrio, serio aspirante a convertirse en el himno parisino oficioso. La emoción se apodera de un Rafa rendido a unos recuerdos no tan lejanos, esos que hicieron peligrar futuros mordiscos. Y, sin embargo, ahí está, valiente cabezota, con su octavo trofeo de Roland Garros y sin aparente prisa por querer terminar el dibujo de su leyenda.

Unos minutos antes, la final fue una historia sin guión. O, más bien, un guión sin historia. Un encuentro donde todo sucedió según lo previsto y donde nada trascendió, más allá de las marcas que sigue rompiendo Nadal. En un partido en el que los dos jugadores priorizaron esconder la derecha del rival, el tenista balear se mostró imperial desde el fondo de la pista. Aliado con las líneas, controló en todo momento el ritmo de juego y desbordó con su drive a Ferrer.

Mucho Goliat para un David que volvió a picar en el reto de ver quién escupe más lejos. Picó porque cayó en la trampa de Rafa de correr detrás de la pelota y contraatacar con la derecha porque eso sí le funciona contra los demás tenistas. Picó porque aceptó el juego de comprobar quién es mejor desde el fondo de la pista en vez de proponer el juego de averiguar quién es menos malo en el juego agresivo y cerca de la red. Picó porque eligió igual que siempre contra Nadal. Y eligió mal. Y es que, cuando eres considerado uno de los mejores jugadores sobre arcilla y no ganas al mejor desde la prehistoria de 2004 en esta superficie, proponer una táctica descabellada puede ser tu única esperanza.

El resultado final: 6-3 6-2 6-3 para el omnipresente. Desde que regresó a las pistas en febrero, Rafa no se ha perdido una final. 9 de 9, con 7 triunfos y 2 derrotas, y se convierte en el tenista con más trofeos de un mismo Grand Slam. Por su parte, David se va de París con esa extraña sensación de que se supone que tienes que estar contento con lo logrado, aunque rendido a la frustración por lo no conseguido. Una pena para el Correcaminos del Circuito, un currante del tenis que se merece como ninguno ser estrella por un día.

Roland Garros pone así fin a la temporada de tierra batida. Una más, la enésima, en la que el dominador dictatorial ha sido Nadal y en la que el resto de tenistas suspiran aliviados porque ahora llegan otras superficies donde sus posibilidades de triunfo aumentan. Resignación que hago propia y hace que me rebele contra la monotonía: la película me la sé y acaba casi siempre igual. Aún a riesgo de ser encarcelado o expatriado, confieso que priorizo la competitividad y la alternancia por encima de todo. Incluso por encima de Nadal. De ahí que me gustaría que alguien fuese capaz de dar emoción a la primavera tenística, esa que cada año nos trae flores, alergias, corazones revoltosos y mordiscos de Rafa a discreción.

Twitter.com/JonMarlo




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